Siempre
en casa, siempre lejos de casa
Hannah
Kent
Traducción
de Laura Vidal
Alba
Barcelona,
2026
349
páginas
Cuando
uno es un ser hipersensible, necesita encontrar dónde refugiarse. Está muy bien
eso de tener una cueva o una cabaña en el bosque, pero el refugio no tiene por
qué ser siempre un lugar concreto, pues también puede ser el mejor año de tu
vida. Esta es una de las funciones salvadoras de la memoria: regresar siempre
que quieras a los momentos en que fuiste feliz. Antes, los refugios eran
sueños, hasta que la vida, y tu lucha en la vida, te permitió ese año maravilloso
en que viviste de forma casi idéntica a como te hubiera gustado que fuera la
vida. Nadie dijo que ni siquiera esa etapa fuera a ser del todo sencilla, pero
no hay camino sin baches y la memoria sabrá destilar lo que nos interesa, que
es una lección de felicidad que tiene que ver con el entorno y, sobre todo, con
el entorno humano.
Esto
es lo que refleja Hannah Kent (Adelaida, Australia, 1985) en esta obra, que ya
revela su intención en el título: Siempre en casa, siempre lejos de casa.
Kent viajó a las antípodas de su país, a Islandia, para conocer la nieve
durante un año de transición, el equivalente a segundo de Bachillerato en
nuestro país. Con diecisiete años quiere conocer lo que se supone que es su
antimundo, lo contrario a la zona de confort, para sentirse viva. A estas
alturas, ese atrevimiento puede considerarse como una aventura. Aquí habría que
definir qué es una aventura, dado que no vamos a explorar selvas ni a subir cumbres
vírgenes. Aventura es lo que nos empuja a madurar, aventura es las vivencias
que nos son especiales y que podemos compartir, porque los demás pueden
identificarse con ellas y sentir envidia, dado que ellos no ponen en marcha los
mecanismos para algo tan sencillo y tan significativo. Aventura es un relato de
iniciación, de crecimiento de transición al mundo adulto, aunque esto nos
obligaría definir en qué consiste ser adulto. En el relato de Kent está claro:
adultos son aquellos que se comportan de forma humana, generosa, pacífica,
social. Adultos son los que facilitan la integración y te enseñan a querer.
Hay
que tener en cuenta que nos habla un adulto, pero la voz trata de reproducir
las sensaciones de un adolescente, que es pura emoción. Kent es muy sensible a
la belleza, que reconoce en todos los lados, en los copos de nieve, en el
viento y en los paisajes. Como es fácil imaginar, Kent es una muchacha que se
está enamorando sin que el amor esté dirigido hacia una persona concreta. Esta
será la esencia de la primera parte del libro. Luego pasarán los años y Kent
regresará en varias ocasiones a Islandia, el país del que sigue enamorada. De
hecho, el relato más amplio de sus retornos lo ocupa aquél en que nos habla de
la investigación para su primera novela, Ritos funerarios, centrada en
el caso de una asesina, bastante popular en el país, que fue la última mujer
decapitada por la justicia, a la que Kent se esforzará por comprender.
En
realidad, de lo que nos va hablando Kent en esta obra es acerca de los pasos
más importantes en su formación, de cómo va creciendo en ella es espíritu
creativo, sin que nos aturda con lecturas y ensayos sobre lecturas. Porque demuestra
que lo más importante incluso en este ámbito, sin duda, será conocer buena
gente.

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