Una
conversación animal
Andrés
Cota Hiriart, Gabi Martínez y Mariana Matija
Almadía
Madrid,
2026
225
páginas
A
veces uno tiene la impresión de que para que el corazón de las calderas del
infierno no se apague, los humanos tienen que hacer un esfuerzo continuo.
Aunque para que no se extinga basta con algo tan sencillo como alejarse de la
belleza, dejar que esta se diluya, como se diluye cualquier memoria si no la
trabajas en condiciones. Si te congelas, acabas en el caldero, con un demonio armado
de un tridente pinchándote las nalgas. Pero previamente pasarás por las
deformaciones de la vejez, que es algo que no se combate con cirujanos plásticos,
sino alertando a la memoria para que no olvide que no debemos consentir la
injusticia. A lo mejor no se requiere desgaste para tomar esta postura, porque
no supone envidar a ningún tipo de energía, sino sacar a la luz la sensibilidad
que no tiene por qué desgastarse. El mundo nos ofrece una amplia caterva de
motivos para endurecernos, pero mantener el amor por lo que merece la pena no
es un esfuerzo, sino una bendición, una suerte, una felicidad. A los amantes de
Casablanca siempre les quedará París, y a nosotros siempre nos quedarán
las flores, las aves, el océano, las puestas de sol y las constelaciones. También
Las hilanderas de Velázquez, El clave bien temperado, de Bach, y Deseando
amar, de Wong Kar Wai.
Pero
nos quedará siempre, para lo mejor, las conversaciones con los buenos amigos y
con desconocidos corteses, sensatos y que nos hacen enamorarnos de sus pasiones.
Aunque estas tengan la forma de uno de esos animales que representan el mal, el
horror, lo feo, como son las arañas. Pero sacar a las arañas de esa mirada, que
es costumbre, que es tópico, que está en la línea de crearnos como gente
seriada, está a nuestro alcance. Los beneficios de convivir con las arañas se
encuentran dentro del marco de los beneficios de convivir con el mundo natural.
Ese es el territorio de los tres autores que dialogan en este volumen: Andrés
Cota Hiriart, Gabi Martínez y Mariana Matija; un mejicano, un español y una
colombiana. De ellos hemos conocido su trabajo en el mundo de la Liternatura o Ecoescritura,
o como queramos definirla. La propuesta es la de un diálogo escrito con
intervenciones largas, tres por cada una de las partes, a modo de literatura
epistolar, en la que las referencias a los otros dos están presentes, pero,
sobre todo, en la que cada uno de ellos expone sus inquietudes: Cota Hiriart
mirando siempre por la vida de los animales, Gabi Martínez manteniendo su
postura de convivencia y respeto activo, y Mariana Matija invitándonos a un
descubrimiento que tiene también que ver con los sonidos de las palabras como
parte del ecoentorno.
El
resultado es un texto sencillo, que se hace necesario precisamente por la
facilidad con que nos hacen entender que el mundo sigue siendo un lugar
hermoso, o sigue teniendo posibilidades hermosas. Los tres son conscientes de
que no puede habitarse un mundo en el que defender durante la vejez las causas
justas de la juventud si no tenemos mundo. Para que las calderas del infierno
se apaguen, basta con dejarnos llevar por los pensamientos y los sentimientos buenos,
en el buen sentido de la palabra bueno. En cualquier caso, ¿de qué sirven que las
llamas de esas calderas estén vivas? Las arañas son imprescindibles para una vida
digna, pero también las lagartijas que comen arañas. Y los niños que juegan en
los columpios. No es cierto que la vida
solo nos enseñe resignación: contra esa inercia nada mejor que hablar con los
amigos. Como hacen estos tres autores, que se están ganando nuestro cariño en
cada línea que escriben.

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